Blog dedicado a misceláneas, citas, reseñas, comentarios, viajes y viajeros. Un poco de todo.
Melchor Núñez Pérez
Biólogo. Ha sido profesor y director del Instituto de Enseñanza Secundaria Viera y Clavijo de La Laguna. Nacionalista constitucionalista y autonomista. Consejero del Cabildo Insular de Tenerife en cuatro mandatos. Ha sido viceconsejero de Políticas Sociales e Inmigración del Gobierno de Canarias desde julio de 2011 a enero de 2013.Coautor de diversos libros de Bioloia y Geología para Bachillerato y del libro "La neutralidad de Canarias" (1986).
Cañada Blanca, isla de Tenerife.
jueves, 3 de mayo de 2012
Tránsito de Venus
Los días 5 y 6 de junio de 2012 se puede observar a simple de vista desde la Tierra -con las precauciones oculares de rigor- el paso del planeta Venus por delante del disco solar, fenómeno conocido como el tránsito de Venus, que ocurre cuando ambos astros se alinean con nuestro planeta. Venus aparece entonces como un pequeño lunar negro que se desplaza sobre la superficie dorada del sol, en proporciones equivalentes a las de una lenteja sobre la superficie de un plato llano. En esta ocasión, se podrá observar bien desde el Océano Pacífico. Desde Estados Unidos, Canadá, México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú se podrá ver el comienzo del fenómeno. También será observable desde el noreste de la Península Ibérica, el resto de Europa y gran parte de África y Asia orientales. En España será visible entre las 6:30 AM, hora local, las 6:55 AM, aproximadamente, del día 6 de junio.
Entre los siglos XVII y XIX, el tránsito de Venus sirvió a los astrónomos para la determinación del paralaje solar o ángulo bajo el que aparece el diámetro de la Tierra si ésta fuera observada desde el Sol, así como el diámetro del Sol y la distancia Tierra -Sol (aproximadamente 150 millones de kilómetros). Sobre la historia de esas investigaciones tengo un artículo - titulado "Viajando por la Tierra para medir la distancia al Sol"- publicado el Boletín de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife del año 2010.
El último tránsito de Venus ocurrió el 8 de junio de 2004. El siguiente, después del de junio de este año, no se producirá hasta 2117. Este milenio Venus se alineará con la Tierra y el Sol solo 18 veces.
lunes, 26 de marzo de 2012
200 aniversario de la muerte de José de Viera y Clavijo

El 21 de febrero del año 2013 se cumplen 200 años de la muerte del insigne historiador escritor, naturalista y educador canario -nacido en Los Realejos, vecino del Puerto de la Cruz y de La Laguna y fallecido en Las Palmas- José de Viera y Clavijo. Además de en las islas, vivió en Madrid y viajó por España -dejó escrito la narración de su viaje por La Mancha- y, en dos ocasiones, por diferentes países europeos. Cura, al final de su vida arcediano de Fuerteventura, curioso nombramiento eclesiástico, conformista en unas cosas y reformador en otras. Tal vez algo más que su admirado Feijoo, pero bastante menos -las cosas en España no daban para más-, que su también admirado Voltaire. Un personaje, en suma, interesante, complejo, apasionante. Por lo que se refiere a la construcción científica, aunque aún deudora de fijaciones mitológicas y legendarias, de la historia de Canarias, a la manera del siglo XVIII, un personaje imprescindible. Esperemos que el recuerdo de su vida y de su obra esté el próximo año, a su altura.
domingo, 11 de marzo de 2012
Los saberes: Alfonso X el Sabio
Expedición Malaspina 2011
El informe del Panel Internacional sobre el Cambio Climático, dependiente de Naciones Unidas, del año 2007 advertía de forma categórica sobre el calentamiento de los océanos y la previsible expansión térmica que el mismo provocaría, con la consiguiente elevación de su nivel. Se daba entonces este hecho como algo irrefutable, atribuido al denominado cambio climático antropogénico.
Las conclusiones de la Expedición Malaspina 2010 (llamada así en recuerdo de la expedición científico -política alrededor del mundo de 1789 -1794), un proyecto gestionado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la participación de 400 investigadores de 50 instituciones españolas e internacionales, pueden ser muy esclarecedoras al respecto, no solo por lo que digan, sino por lo que no digan sus conclusiones. Por lo pronto, un primer avance periodístico publicado por Carlos Duarte (*), coordinador de la expedición, al término de la misma, después de siete meses de circunnavegación del planeta, explica que se ha recabado una ingente información sobre la biodiversidad del plancton del océano, cuyo contenido genómico llevará años estudiar, así como que se han obtenido resultados ya significativos en asuntos como la evidencia de la disminución de la concentración de oxígeno en el océano tropical; el descubrimiento de microalgas fotosintéticas viables a 4.000 metros de profundidad en el océano; el descubrimiento de que el océano profundo ecuatorial es un punto de intensa actividad biológica y de que el Índico presenta una mayor capacidad para actuar como sumidero de C02 que el resto de los océanos, y otros asuntos.
Todos datos muy interesantes, pero ni una sola referencia a la detección de un calentamiento anómalo en capas profundas de las aguas de los océanos ni la expansión térmica de los mismos, uno de los objetivos con los que se publicitó periodísticamente la expedición en vísperas de su partida. Puede que el asunto se dé por un hecho tan obvio que no merezca de mayores comentarios. Pero resulta extraño, tratándose de una expedición que se publicitó "mediaticamente" iba a demostrar los efectos del calentamiento del planeta.
(*)DUARTE, Carlos, El espíritu Malaspina, El País, 18 de julio de 2011.
Las conclusiones de la Expedición Malaspina 2010 (llamada así en recuerdo de la expedición científico -política alrededor del mundo de 1789 -1794), un proyecto gestionado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la participación de 400 investigadores de 50 instituciones españolas e internacionales, pueden ser muy esclarecedoras al respecto, no solo por lo que digan, sino por lo que no digan sus conclusiones. Por lo pronto, un primer avance periodístico publicado por Carlos Duarte (*), coordinador de la expedición, al término de la misma, después de siete meses de circunnavegación del planeta, explica que se ha recabado una ingente información sobre la biodiversidad del plancton del océano, cuyo contenido genómico llevará años estudiar, así como que se han obtenido resultados ya significativos en asuntos como la evidencia de la disminución de la concentración de oxígeno en el océano tropical; el descubrimiento de microalgas fotosintéticas viables a 4.000 metros de profundidad en el océano; el descubrimiento de que el océano profundo ecuatorial es un punto de intensa actividad biológica y de que el Índico presenta una mayor capacidad para actuar como sumidero de C02 que el resto de los océanos, y otros asuntos.
Todos datos muy interesantes, pero ni una sola referencia a la detección de un calentamiento anómalo en capas profundas de las aguas de los océanos ni la expansión térmica de los mismos, uno de los objetivos con los que se publicitó periodísticamente la expedición en vísperas de su partida. Puede que el asunto se dé por un hecho tan obvio que no merezca de mayores comentarios. Pero resulta extraño, tratándose de una expedición que se publicitó "mediaticamente" iba a demostrar los efectos del calentamiento del planeta.
(*)DUARTE, Carlos, El espíritu Malaspina, El País, 18 de julio de 2011.
Ernest Shackleton

Sur es la obra en la que el irlandés Ernest Shackleton narra uno de los sonoros y legendarios "fracasos" de su aventura exploratoria antártica. Su relación con la Antártida había comenzado en 1901, cuando participa en la expedición comandada por Robert Falcón Scott, a bordo del Discovery, que alcanza los 82º 16º Sur, el punto más austral al que se había llegado hasta entonces. En 1907 capitanea un viaje a bordo del Nimrod. Una vez en el continente, después de largas y penosas jornadas de marcha, debe regresar con sus compañeros, cuando estaba solo a 180 Km. del Polo Sur geográfico, que el noruego Roald Admudsen conquista en 1911. Shackleton vuelve a la carga en 1914, al frente de la Expedición Imperial Transatlántica, a bordo del Endurance. El objetivo de la expedición era atravesar la Antártida desde el mar de Weddel hasta el mar de Ross, pasando por el Polo Sur, recorriendo una distancia de 2900 kilómetros. La expedición, de veintinueve miembros, no lo consigue. Las duras condiciones climáticas de aquel año hacen que los bloques de hielo aprisionen su barco hasta aplastarlo. La expedición debe sobrevivir durante más de un año entre y sobre bloques de hielo, la isla Elefante y las islas Georgias del Sur. Parte de sus miembros, incluido Shakleton, navegan durante semanas por un mar embravecido, en un bote de siete metros de eslora a la búsqueda de un lugar en el que encontrar ayúda. En el libro, Shackleton narra una increíble caminata de 36 horas ininterrumpidas a través de cortadas montañas y glaciares de la isla Georgia del Sur hasta llegar a una estación ballenera habitada. Rememorando su aventura describe así ese momento:
"Habíamos arrojado la azuela desde la parte superior de la cascada así como también la bitácora y la cocina envueltas en una de nuestras camisas. Eso era todo, salvo nuestra ropa mojada, que traíamos de la Antártida, donde habíamos entrado hacía un año y medio con un barco sólido, equipos completos y grandes esperanzas. Esas eran cosas tangibles, pero nuestros recuerdos eran ricos. Habíamos atravesado la apariencia de las cosas externas. Habíamos sufrido, pasado hambre y triunfado, nos habíamos arrastrado y habíamos apresado la gloria, habíamos crecido en la inmensidad del todo. Habíamos visto a Dios en Su esplendor, oído el texto que nos brinda la Naturaleza. Habíamos llegado al alma desnuda del hombre".
No se puede expresar mejor el sentido último de una vida dedicada a la exploración. Las cenizas de Shackleton, que murió con menos de cincuenta años a bordo del Quest, reposan en la isla Georgia del Sur, por deseo de su viuda.
lunes, 24 de mayo de 2010
CURSO SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO. UNA VISIÓN DIFERENTE.
En la imagen, tres de los ponentes en el curso universitario sobre cambio climático impartido en la Escuela de Agrícolas en el mes de mayo de 2010. De izquierda a derecha, Antonio Salazar, Melchor Núñez y José Ramón Arévalo. Se trató de un curso en el que se sucedieron ponentes que defienden la tesis oficial sobre el cambio climático antropogénico con otros que sostienen una posición crítica hacia la misma. La ponencia defendida por Melchor Núñez forma parte de este último enfoque..
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